Autobiográfía

2. Autobiográfía

A continuación, presentaré mi autobiografía para finalizar con las reflexiones colectivas que se extrajeron en el aula de prácticas.

Saludos, me llamo Rocío Moreno Delgado.
He sido alumna del equivalente a la educación Primaria actual llamada EGB,
Enseñanza General Básica.
Estudié en el colegio de Nuestro Señor de Jesús Nazareno, Córdoba. El colegio era de alumnado femenino y nunca tuve profesorado masculino.
Soy la mayor de 3 hermanas y la escuela era el lugar  donde me hacían caso. En casa, mi madre estaba demasiado ocupada con las labores de ser ama de casa y por tener que cuidar a mis dos hermanas pequeñas. Mi padre trabajaba fuera de casa todo el día aunque era el que más me premiaba por mis buenas notas y mis logros en la escuela.

Las maestras eran cercanas y cariñosas. Nunca recibí de ellas una contestación brusca. Cuando me equivocaba o no sabía una respuesta me ignoraban y me ponían un símbolo negativo en su informe diario. Pero cuando sabía responder a sus preguntas ponían símbolos positivos y me sonreían.
Puede que el peor recuerdo que tengo de la escuela en relación al profesorado fue cuando yo estaba en 2º curso y me encargaron un dibujo. Tenía tan desarrollada la competencia artística que cuando la maestra lo vio al día siguiente me puso un 0 y me suspendió la asignatura. Igualmente me volvieron a suspender por los cuentos que inventaba y todo lo relacionado con la creatividad. Tenía 7 años. Decían que lo había copiado, que algún mayor me lo había hecho y que no se creía mi maestra que lo hubiera redactado o dibujado yo sola. A consecuencia de ello intenté no hacer las cosas bien para que no llamaran a mis padres y fingía equivocarme para que no me volvieran a poner más ceros. Creía que haciendo las cosas mal al menos podría sacar un 5 y no llamar la atención. Intenté pasar desapercibida y no desatacar por ejercer alguna de mis habilidades. En 4º de EGB algo cambió en mi estrategia. Una compañera de la clase comenzó a sacar muy buenas notas y competí con ella en el mejor de los sentidos. El resultado fue muy positivo. Finalicé mi etapa de la EGB con una media de notable alto. Guardo muy buenos recuerdos del profesorado en general, incluso de   aquella profesora que con su incredulidad y desconfianza  me enseñó a cómo podré ser  una buena maestra en un futuro con mis alumnos apoyando sus aptitudes y reforzando las habilidades con más carencias en su desarrollo.

Por lo demás, el centro escolar era amplio, con un gimnasio cubierto bien equipado con colchonetas y balones. El patio grande era una pista de baloncesto y el patio pequeño resultaba seguro en sus elementos constructivos para los más pequeños. Su salón de actos era acogedor y con un pequeño escenario y la capacidad de las aulas permitían integrar a 38 alumnas.
Los métodos de enseñanza eran quizás demasiado instructivos. No se valoraba la interpretación personal que daba un alumno sobre un hecho concreto. Tampoco se recibían bien preguntas sobre el porqué de las cosas. Recuerdo que cuando cuestionaba que algo fuera como las maestras explicaban lo recibían como un reto a su excelencia académica. En una ocasión llamaron en 3º a mis padres y le dijeron que yo era muy fantasiosa porque escuchaba las explicaciones de los mayores sobre las cosas y luego decía que lo había pensado yo sola. En realidad era una cabecita inquieta.
Ese fue el principal nexo entre mi familia y la escuela cuando era niña. La escuela pensaba que mis padres eran quienes me daban ideas originales y mis padres creían que lo que aprendía me lo enseñaba la maestra. En medio había una niña de cabeza inquieta intentando no llamar la atención para que la dejaran tranquila con sus inventos.

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